Estudié Publicidad y RRPP en la Universidad de Salamanca. Cuando terminé la carrera me fui a Madrid con un montón de currículos en la maleta. No envié ninguno. Ingresé en Guindalera y empecé mi carrera como actriz. Después, obra por aquí, corto por allá, un par de publis… En aquella época ya escribía: sketches, adaptaciones, alguna obrita corta, en fin… Cosas que jamás leería en público. Cuando terminé Guindalera, decidí estudiar en la Factoría del Guión. Durante un buen tiempo, pensé que el audiovisual era mi medio, hasta que un día vi un anuncio en la Unión de Actores. Era un taller que José Sanchis Sinisterra impartía en el Nuevo Teatro Fronterizo. Ahí empezó mi verdadero noviazgo con la escritura teatral. Y, aunque de cuando en cuando tengo mis escarceos con la dirección y la interpretación, parece que la dramaturgia y yo tenemos una relación estable: becas, talleres, seminarios, alguna publicación, estrenos… Y yo sigo. Sigo escribiendo porque se me van las manos (y la cabeza). Y porque tengo hambre de palabra. Y de teatro.
Mi escritura parte de una imagen. Luego dejo que los personajes hablen. Ante ellos, me siento como una espectadora más. Me intrigan, me sorprenden, me asustan. Los quiero y los odio. Como a mis obras. Como a mi oficio. Como a este carácter mío que convierte todo en incertidumbre, en sospecha, en posibilidad.
Foto: Ricardo Reguera